MERCADOS

El mercado hace social la comida. Lo relacional ya se filtra en este primer encuentro necesario, en el "¡el kilo a un euro señora!" ya hay intercambio. ¡Cuánto depende la calidad de la compra de la relación con el vendedor! Haz del carnicero tu mejor amigo, condición indispensable para el éxito. 

En Brasil asistimos a dos tipos muy distintos de mercado: el mercado real y el mercado escenario. Con lo de real no pongo en duda la palpabilidad del segundo, sino que intento aclarar el objetivo último de ambos: en el mercado real la gente vende, la gente compra; por otro lado, el mercado escenario es una especie de exposición de productos típicos (o tipiquizaciones forzosas), con un claro objetivo atrapa-guiris, y por consiguiente, vendedores-falso amigo y precios generosos. 

En Rio tuve la suerte de dar con el real, donde tuve una agradable sensación de extranjera que me indicaba que aquel mercado funcionaría sin turistas. Muchas moscas, no tanto ruido y gente local. A los brasileños les gusta exhibir la carne colgando; será que la gravedad embellece los músculos, no lo sé, pero me recuerda a una obra de Adriana Varejão que incluyo en las fotos.
El mercado de São Paulo, cubierto, es de la clase mercado escenario. Hasta yo misma, mujer de mundo entrenada a base de timos, mordí el anzuelo y acabé pagando un dineral por una sola pieza de fruta. Eso sí, exotiquísima.