La once

La once no es a las once ni incluye once cosas ni once ingredientes. La etimología de esta merienda numérica se debe al lenguaje en clave de los trabajadores de las salitreras, que, a finales del siglo XIX, debido a las restricciones sobre las bebidas alcohólicas, se reunían para tomar un traguito de aguardiente. A-g-u-a-r-d-i-e-n-t-e tiene once letras, de ahí que pasara a llamarse la once

Hoy en día no tiene nada que ver con el alcohol, sino más bien con el té o el café, ya que la once ha pasado a ser la merienda. Se toma entre las 17 y las 20, y muchas veces sustituye a la cena. Además del té, siempre lleva pan, normalmente marraqueta o hallulla, mantequilla, embutidos, palta, tomate, queso, manjar y huevos revueltos. Otras versiones más opulentas incluyen kuchen y alfajores, helado y panqueques, o todo lo que no se vea demasiado raro bajo la etiqueta de merienda.

Lo cierto es que, después del asado, es la excusa de reunión más frecuente, y, eso sí, un poco más benévola con los vegetarianos.