Volver

A pesar de las ganas y los ataques nostálgicos, volver no es fácil. Pisas de pronto los mismos suelos, te sientas en las mismas sillas, estrechas las mismas manos y te esfuerzas por contar tus viajes de la manera más exótica posible. Sin embargo nada es lo mismo, y la obsesión humana por aferrarse al pasado se hace evidente cuando, en tu ciudad de origen, te sientes como un extraño. Lo cierto es que viajar te cambia, y la persona que se fue es muy distinta de la que llega, y el concepto de hogar es, en realidad, algo más cercano a algún periodo de la infancia que a ningún pueblo ni coordenada. Volver es, al fin y al cabo, hacer turismo en tu propia ciudad, en mi caso, Madrid.

 

Pensé que si tenía que ser turista, lo haría con todas sus consecuencias. Comencé a dar paseos por Sol, a comer croquetas y hacer fotos junto a osos. En este delirio de desplazada,  di con Madrid Food Tours, una organización que ofrece paseos culturales guiados por la capital para descubrir la “gastronomía española real”. ¿Qué significa real? Está claro que hay bares y precios de guiris y bares y precios de locales. ¿Qué les dan de comer a los pobres ilusos que se sientan en los restaurantes de la Plaza Mayor? Con todas estas preguntas y rezando para que no nos llevaran a comer paella de brick (término que acabo de inventarme pero que creo es bastante claro) me apunté al Ultimate Spanish Cuisine Tour.

 

Comenzamos, precisamente, en la Plaza Mayor. Nos guía Luke, un inglés más entusiasmado con mi país más que yo misma, que en seguida nos advierte que vamos a acabar absolutamente llenos. ¡Menos mal! Después de contarnos un poco de la historia de Madrid, que antes de ser ciudad fue villa y no fue capital hasta 1561, vamos a la Mallorquina de Sol a tragar una napolitana de chocolate. Resulta que en Madrid los establecimientos con más de 100 años tienen una placa en la acera, placa que yo habré pisado un millón de veces y que no había visto hasta que me forzaron a mirarla desde ojos extranjeros.

 

Cuando viajas se te agudizan los sentidos, te fijas hasta en los semáforos y un arbusto puede parecerte la selva tropical. Qué distinto sería nuestro día a día si esta curiosidad la instalásemos en los ojos permanentemente, ¡quizá leeríamos los textos que hay sobre el suelo de la calle Huertas y todo! Gracias a Madrid Food Tours he comprado pastas de monjas de clausura por primera vez, he comido turrón en abril, me he tomado un vermú de aperitivo y he intentado escanciar sidra (unos australianos lo hacían mejor que yo).

 

Sí, al final acabamos llenísimos. Siempre he estado muy orgullosa de la comida española, ahora por lo menos sé por qué. Ha sido una lección de humildad sobre mis propias costumbres, sobre lo que significa ser de aquí y sobre el respeto a tus propias tradiciones. Aconsejo Madrid Food Tours a todo el que esté segurísimo de ser madrileño de pura cepa.


http://madridfoodtour.com/